Asistencia vs. presencia: ¿Cuándo comunicamos mejor?

El espacio de nuestro blog está abierto para todas las comunicadoras que quieran compartir sus reflexiones. Aquí, Constanza Atlagich, periodista con más de 10 años de experiencia en prensa y comunicación estratégica, analiza una de las preguntas que dejó la pandemia: ¿ayuda el trabajo presencial a comunicar mejor?

Era, de una forma u otra, inevitable. Tarde o temprano, la nueva normalidad -que transformó nuestras salas de estar y dormitorios en oficinas más o menos improvisadas- iba a dar paso a un modelo híbrido de vuelta al trabajo presencial, con ciertos grados de flexibilidad, de acuerdo con la voluntad de cada empleador. 

Quizás la mayoría de nosotras anhelaba volver a sentir esa “independencia” que significa una hora de almuerzo sin pensar en todo lo que estás dejando de hacer en casa. A esta altura, es de perogrullo indicar que históricamente las mujeres son las que llevan el peso del hogar, y que esta situación se vio agravada por el teletrabajo. Pero la pregunta de fondo para nosotras, las que nos dedicamos a las comunicaciones estratégicas, es ¿cuán necesaria es la presencialidad para nuestro trabajo? ¿Tenemos que ir a la oficina para comunicar mejor?

Durante el periodo más crudo de la pandemia, conocí más personas de la compañía en que trabajo que en los dos años que llevaba a la fecha del encierro. 

Como en casi todo, siempre hay dos versiones contrapuestas. Por una parte, no dudo que muchas quisimos arrancar de nuestras casas durante el encierro y vimos en el trabajo presencial una forma de abrazar esa antigua normalidad, de estar enfocada sólo en la labor encomendada por nuestra institución. Por otra, el avance tecnológico y la digitalización acelerada nos mostró una nueva forma de interactuar con otras áreas, optimizando procesos e incluso evitando esas reuniones que, bien sabemos, pudieron ser un e-mail. Aquí un dato: durante el periodo más crudo de la pandemia, conocí más personas de la compañía en que trabajo que en los dos años que llevaba a la fecha del encierro. 

No me tomen a mal, pero me encanta ver a mis compañeros de trabajo en forma presencial: las conversaciones a la salida de una reunión, en un pasillo o simplemente sacando agua de la máquina muchas veces nos permiten entender una forma distinta de mirar las cosas. Pero honestamente, la productividad en comunicación no se reduce a cuántas horas estás sentada tras un escritorio. Nuestros preceptos de cómo trabajar “bien” y cómo rendir “mejor” están dados por una cultura que hoy sencillamente no aplica, una suerte de “oficinismo” de 9:00 a 18:00 (en el mejor de los casos), que además implica estar siempre disponible, una suerte de bombero de las comunicaciones. 

Sin embargo, sabemos que la comunicación tiene ese componente no verbal, esa lectura de tonos y miradas que es más intuitiva que científica, eso del timing preciso para comunicar en tiempo y forma, de manera de lograr la mejor difusión. Y eso jamás te lo va a entregar una videollamada, menos cuando todo se transformó en una reunión virtual (porque ese Zoom muchas veces también pudo ser un e-mail), y donde nuestro cerebro fue llevado al límite por la sobreexposición a las llamadas por computadora. 

Para mí todo se reduce a contestarnos la siguiente pregunta: como profesionales, ¿no nos hemos ganado el derecho de ejercer nuestro trabajo en el lugar que estimemos pertinente? Muchas organizaciones están sacando sus operaciones fuera de su país de origen, contratando profesionales alrededor del mundo -incluyendo muchos comunicadores-, y para esas instituciones es imposible optar por un modelo presencial total o parcial. Ellos apuestan a que las personas que contratan van a cumplir con plazos, van a buscar las mejores formas para acceder a toda la información y van a interactuar con sus compañeros de forma proactiva y, sinceramente, quiénes son más proactivos que los comunicadores. ¿Por qué no hacer eco de esa misma confianza que otros tienen en que vamos a hacer el trabajo en tiempo y forma, considerando que los comunicadores trabajamos por metas y no por horas?

Como profesionales, ¿no nos hemos ganado el derecho de ejercer nuestro trabajo en el lugar que estimemos pertinente?

Personalmente, soy una firme convencida de que, como mujeres, con la tremenda carga  laboral histórica que tenemos -y que siendo honestas, el cambio cultural muy probablemente no va a llegar en nuestra generación y estamos pavimentando el camino para las que vendrán- el modelo híbrido es una tremenda oportunidad para la conciliación trabajo y familia. Yo me siento presente en mi trabajo, estando dentro o fuera de la oficina, yendo a buscar al colegio a mi hija (incluso las mejores estrategias se me han ocurrido mientras la hago dormir). Efectivamente comunico mejor estando presente, pero esa presencia, en el mundo en que vivimos, hoy no la determina la asistencia física, sino la confianza en que la flexibilidad, ese “voy a la oficina cuando quiero y/o lo necesito”, nos hace mejores personas y, por tanto, mejores comunicadores.

Constanza Atlagich es Periodista de la UC y máster en Comunicación (menciones en Comunicación Estratégica y Opinión Pública) de la Universidad Diego Portales. Especialista en Comunicación Política y Asuntos Públicos. Ha trabajado en medios de comunicación, gobierno y el sector privado.

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